Oración del Iniciado (Kwan Yin)

Yo soy la luz del mundo,
yo soy un ser que ha veni­do de la luz,
vive en la luz, y crea la luz.

A don­de quie­ra que voy,
yo soy las manos de Dios tra­ba­jan­do en la tierra,
y soy ins­pi­ra­do por la Volun­tad Divina.

Soy impul­sa­do por fuer­za divina
y estoy tra­ba­jan­do en El Plan Divino.
Soy un miem­bro acti­vo de La Her­man­dad Blanca,
y estoy apo­ya­do por todos los miem­bros de la Jerarquía,
y estoy tra­ba­jan­do en un pro­yec­to espe­cí­fi­co de la Jerarquía.

Yo soy par­te del nue­vo gru­po de ser­vi­do­res del mundo,
yo soy par­te de una cade­na de amor y de bue­na voluntad
que se extien­de por todos los rin­co­nes del planeta.

Yo soy la pun­ta de lan­za para la lle­ga­da a La Tierra
de los Maes­tros de la Jerarquía.

Yo soy una ante­na cós­mi­ca que se abre has­ta el infinito
para reci­bir las ben­di­cio­nes del Altísimo.

Yo soy un emi­sor de todas esas ener­gías que estoy recibiendo,
para mul­ti­pli­car­las por don­de quie­ra que vaya
y hacer­las lle­gar a los luga­res más inusitados.

Yo soy la pala­bra que sana, las manos que ayudan,
los pies que diri­gen, la mira­da que salva.

Yo soy el micro­cos­mos en acción,
soy la red que comu­ni­ca al hom­bre con Dios,
soy el víncu­lo de fra­ter­ni­dad en don­de se fun­den todos los seres humanos.

Yo soy la luz del mun­do, el ani­qui­la­dor de la obs­cu­ri­dad y la confusión,
el gue­rre­ro de la luz, el que alum­bra sin dar sombras,
la roca fir­me en don­de se apo­yan las embar­ca­cio­nes de la vida.

Yo soy la son­ri­sa que alien­ta, el abra­zo que consuela,
y soy el hijo de Dios en la tierra. 

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